El valor terapéutico y sanador de la música

 

El valor terapéutico y sanador de la música 
 24/10/2012

 
  Después de investigar y trabajar con la música terapéutica más de 40 años, considero que la música es un don divino que dios da al hombre para su evolución y comunicación con él, y ésta actúa como un médium entre el cuerpo, la mente, el alma y el espíritu.
La música tiene un poder sobrenatural sobre las personas, animales y cosas, ya que se ha comprobado que poniéndole música a limaduras de hierro, se han creado figuras geométricas perfectas. El Dr. Masaru Emoto, en su libro «Los mensajes del agua», ha podido demostrar científicamente cómo influye la música en el agua, cuando ésta es considerada sanadora, los dibujos y figuras que presenta, son de verdadera belleza y armonía, y como poniéndole musica de «heavy metal» las formas eran desarmónicas e irregulares. Esta experiencia la llevó también con la palabra, si le decía frases de amor y de alegría el agua formaba las mismas figuras armónicas, mientras que con frases agresivas o negativas se formaban las mismas o parecidas figuras irregulares, que con la música de «heavy metal». 
Aquí quiero hacer un inciso, el ser humano tiene que tener mucho cuidado con lo que dice, porque con una palabra agresiva o mal intencionada, puede producir mucho daño a cualquier persona, al mismo tiempo que se lo produce a sí mismo. Está demostrado científicamente que cuando decimos frases negativas o nos las dicen, nuestro sistema inmunológico se deprime. De ahí que digo a mis alumnos y pacientes: que se prohíban enfadarse y estresarse, ya que deprimen su sistema inmunológico y se exponen a un riesgo inminente de aparecer cualquier tipo de enfermedad (hoy en día lo más común son infartos, embolias y cánceres a muy temprana edad). 
Sabemos que cuando se le pone música a las vacas, éstas producen más cantidad de leche y de mejor calidad; y en los conejos las crías son más numerosas. 
Uno de los experimentos que desarrollamos en nuestro departamento de investigación fue elegir dos plantas iguales, a una le pusimos música del barroco, y a la otra música tipo «heavy metal» con mensajes destructivos, y como se pueden imaginar mientras una crecía cada día más, la otra se iba marchitando. 
Pero surge la gran pregunta, ¿pero qué es la música? Por su grandiosidad y por todos los elementos que la forman, todavía no se la ha podido definir, como menciono en mi libro de «Las propiedades terapéuticas y educativas de la música», en el apartado de definición de la música. 
A través de las distintas definiciones que de la música han dado diferentes personajes a lo largo de la historia, hago una pequeña selección de las que me parecen significativas, por los personajes y por su contenido: 
Platón (429-347 a.C.): «La música es la esencia del orden y eleva las almas hacia lo bueno, justo y lo bello. La música da alma al universo, alas al pensamiento, vuelo a la imaginación, consuelo a la tristeza y regocijo y vida a todas las cosas». 
Pitágoras (470-569 a.C.): relaciona la música con la naturaleza y con la astronomía, y ello influye en todos los tratadistas de la edad media, que califican la armonía universal de música natural cósmica. 
Aristóteles (384-322 a.C.): «La música no es una simple expresión de estados psíquicos sino la revolución real y directa de tales estados». 
Beethoven (1770-1827): «La música es una revelación más alta que ninguna filosofía. 
Schuman (1811-1886): «La música es una luz para alumbrar las almas». 
Tintoris (1446-1511): «El objeto de la música es agradar a dios, espantar al diablo, curar las dolencias y dar paso al amor». 
Stockhausen (1928): «La música es un médium del espíritu, el médium más sutil, ya que penetra hasta los átomos del hombre a través de toda la piel, a través del cuerpo entero, no sólo a través de sus oídos, y puede hacerlo vibrar».
Y así podríamos escribir un libro entero de manifestaciones de la música, sin que ninguna de ellas nos diera una definición exacta y concluyente de lo que es la música, no obstante, podemos resaltar el valor intrínseco que diferentes personajes dan a la música (luz para las almas, agradar a dios, espantar al diablo, curar las dolencias, dar amor), hacen de esta ciencia única en sus efectos terapéuticos y sanadores. 
Nos dice Ramón Rollán, «la música se pliega a todos los caracteres de todas las palabras y de todos los tiempos, y cuando se conoce su historia y las formas diversas que ha tomado a través de los siglos, nos asombramos de la contradicción que reina entre las definiciones que de ella se ha dado; los escépticos la llaman arquitectura en movimiento, otros piscología poética, unos ven en ella una arte enteramente plástico y formal, otros una arte de pura expresión moral. Para tal teórico la melodía es la esencia, para otros es la armonía, y en verdad, todo esto es cierto y todos tienen razón. 
El profesor Stefan Koelch, doctor en neurociencia, músico, psicólogo, sociólogo y neurobiólogo, en una entrevista en «La Vanguardia» nos dice entre otras observaciones: «a mí la música me salvó la vida», luego sigue comentando que un alumno suyo se marchó a África y puso música de diferentes estilos y emociones, y efectivamente, éstas personas reaccionaban de la misma forma que las personas que viven en europa, esto quiere decir, que no importa la cultura musical del país, el sentimiento que produce la música en el ser humano es definitorio e intrínseco al ser humano, de ahí su acción terapéutica y sanadora si sabemos hacer buen uso de ella. 
Nos sigue diciendo el Dr. Stefan en otro apartado «si escuchamos una música que nos produjera emociones negativas, nos podría producir una depresión», por lo tanto cuidado con la música que escuchamos, porque al igual que nos puede aportar grandes beneficios, también nos podría producir efectos muy negativos. 
Quiero citar la definición que nos hace Enrique Iglesias (artículo de «El Periódico» del 15/09/2002) acerca de la música, ya que me identifico mucho con ésta, nos dice: «cuando escucho música quiero que me libere, que me haga feliz, que me acompañe, que me haga buena persona. La música te cambia. 
Estas manifestaciones de Enrique, definen muy bien los efectos terapéuticos de la música, que al mismo tiempo son muy aclaratorias y convincentes, más si vienen de una persona joven y músico, que podría tener otras ideas no tan determinadas como él las expone. 
Hagamos una reflexión sobre sus frases: «Cuando escucho música, quiero que me libere», a que estamos atados en la vida, tal vez al dolor psíquico, ansiedad, angustia, al sufrimiento, a la desesperación, etc., y él dice que me libere, y efectivamente la música sanadora adecuada nos libera, porque nos proporciona libertad, alegría, ánimo y ganas de vivir. 
«Que me haga feliz», la acción más directa de la música es justamente hacer feliz al ser humano, porque entre otras cosas le proporciona bienestar, tranquilidad, paz interior y llena su alma de amor. 
«Que me acompañe», la música entre sus muchos dones, tiene el de la compañía, porque una música sanadora nos estará proporcionando compañía, tranquilizándonos, armonizándonos, proporcionándonos un sentimiento de satisfacción, de plenitud, paz, etc. 
Mi opinión sobre estar acompañado y no sentirse solo, la clave está en poseer una buena autoestima y estar lleno de amor, eso te hace estar lleno de ti mismo. No necesitas a nadie porque te sientes siempre acompañado y cuando estás con alguien quieres compartir ese inmenso amor que está en ti y, haces sentir a las otras personas que no están solas, porque te tiene a ti. 
«Que me haga buena persona», y «la música te cambia», las músicas sanadoras tienen justo esta misión, la de hacer cambiar a las personas y hacerlas buenas, porque lo que hace esta música es proporcionarnos todos los recursos que el ser humano necesita para cambiar y en consecuencia ser feliz, ser otro ser humano, renovado, lleno de amor y de luz para que su vida tenga sentido de ser vivida, recobre la ilusión, la alegría y llegue a ser una persona sana y llena de vida. 
Si estamos hablando de músicas sanadoras, en este artículo dejaremos claro en qué se basan músicas relajantes de las que no lo son. 
Hoy cuando hablamos de músicas terapéuticas o sanadoras, no se suelen tener claros los conceptos como: músicas relajantes, catárticas, positivizantes, estimulantes, psicodramatizantes, psicoafectivas, irritantes, angustiosas, etc. 
Hoy en día, existe una confusión en el mercado a la hora de escoger músicas relajantes, ya que no existen unos parámetros de selección y análisis para saber elegirlas. 
Nuestro departamento de estudio e investigación, cuando analiza una música relajante, tiene en cuenta las siguientes premisas: 
Que no predominen sentimientos positivos ni negativos, los dos nos sacarían del estado de relajación, uno nos estimularía y el otro nos deprimiría (creando depresión, como antes nos decía el Dr. Stefan). No tener exceso de sonidos agudos o graves, los dos nos alteran o irritan. 
Estar exenta de instrumentos de percusión, no los ya sabidos como baterías, bongo, etc., sino, piano, clave, arpa, guitarra, sabiendo que son de cuerda, al ejecutarlos percutimos la tecla de piano, cuerda de guitarra o arpa y éstas en un aparato de osciloscopio, las ondas sonoras se ven en forma de picos y estas ondas no relajan, estimulan, nos sacan del estado de relajación. 
La música relajante, tiene que estar exenta de sonidos de la naturaleza porque es muy fácil que nuestra mente se vaya al sitio de donde le recuerde el sonido que está escuchando, río, mar, pájaros, nos sacan del estado de relajación. 
Para hacer un estudio y selección de músicas relajantes tendremos en cuenta entre otras variantes: la velocidad de ejecución de la obra musical, las alteraciones de contraste melódicos o rítmicos, las interferencias de acciones relajantes en una o varias líneas musicales o rítmicos, las interferencias de acciones relajantes en una o varias líneas musicales de una misma melodía, tiempos específicos de una acción relajante en una composición musical, las tonalidades menores, la utilización de disonancias sin resolver, acordes alterados, modulaciones continuas, ritmos irregulares o repetitivos, utilización de timbres muy agudos o muy graves, movimientos muy rápidos o muy lentos, la forma musical, el ritmo sincopado, el mensaje emocional, etc. 
He podido comprobar muchas veces los efectos sanadores y milagros que la música ha hecho, delante de mis ojos. Estuve cuatro años en un hospital psiquiátrico con enfermos mentales crónicos y de avanzada edad, aplicando musicoterapia y psicomusicoterapia, y vi cómo autistas crónicos de una incomunicación absoluta, se incorporaban al grupo, se expresaban y bailaban con el grupo; cómo personas tristes, melancólicas, que nunca sonreían, con la música eran capaces de reír llorar y ser felices; cómo personas muy agresivas, con la música se sentían tranquilas, amables, cariñosas, etc., vi auténticos milagros y me hice la gran pregunta, si esto que estoy viendo con mis ojos se logra con enfermos mentales, ¿que no se podrá hacer con personas normales? 
También pude darme cuenta de los milagros de la música cuando estuve trabajando varios meses en las cárceles de hombres y de mujeres en Barcelona, haciéndoles olvidar su dolor, su desesperación, su angustia, su hostilidad, implantando en su alma alegría, ilusión, tranquilidad y amor incondicional. 
También colaboré en diferentes colegios de educación de niños de 1 a 17 años, en Barcelona, implantando técnicas y métodos para la disminución de estados de estrés, angustia, agresividad, ansiedad, etc., y aumento de la atención, concentración, memoria, creatividad, ilusión y alegría del niño. 
En los muchos años que llevo estudiando la música, no deja de sorprenderme sus acciones terapéuticas y sanadoras, ya que las músicas de la nueva era, con sonoridades y estilos diferentes, su variedad a la hora de seleccionar es inmensa, transmitiendo en el fondo los mismos valores que posee por sí sola la música, los de crear una armonía y paz interior. 
La música para mí tiene una acción determinante, por si sola es capaz de cambiar un estado de ánimo negativo en uno positivo, y viceversa, en cuestión de segundos. 
La música tiene el poder de sacar del inconsciente todos los conflictos que un ser humano tiene, de ahí que el terapeuta que sabe cómo tratar esos conflictos, hacer consciente al paciente de ellos, y consiga que éste recobre inmediatamente su equilibrio emocional. 
La música, manifiesta a través de las emociones, lo mejor y lo peor del ser humano, de ahí que podamos confrontar a éste con esta realidad. Con lo negativo para desbloquear y dar soluciones a todos sus trastornos emocionales, y con lo positivo para darnos cuenta del gran tesoro que poseemos dentro de nosotros, que es el inmenso amor que tenemos, lo felices que somos y el gran éxito que poseemos «pero esos valores no se manifiestan porque están bloqueados». 
No conozco nada mejor que la música para desbloquear, armonizar y hacer feliz al ser humano. El poder organizativo, creativo, armonizante y emocional que ejerce la música ha quedado demostrado sobre las plantas, animales, limaduras de hierro, agua, y personas, de ahí su gran poder de influencia y de sanación en el ser humano. 
Todos los grandes sabios suelen estar de acuerdo en manifestar, que el sonido y los aromas, serán la medicina del futuro, hoy en día ya es un hecho demostrable el poder sanador de la música, porque una de sus principales acciones es hacer consciente lo inconsciente y sublimar los diferentes conflictos que el ser humano sufre, por una y otra causa. 
Debemos tener en cuenta, tanto el poder sanador como destructivo de la música, ya que al igual que podemos sanar a las personas, también podríamos causarles un gran dolor. Tener claro los conceptos terapéuticos y sanadores de la música de los que no lo son, es fundamental a la hora de desarrollar una terapia o sanación musical. 
Si tu corazón lo que irradias es armonía, compasión, comprensión y un amor inmenso hacia ti y hacia los demás, el dar gracias porque al levantarte la vida te ha regalado un día más de existencia para que puedas compartir y sentirte plenamente feliz, eso es armonía, es amor, y esa es la música del alma. 

 

Lorenzo Amaro 
Psicoterapeuta. Director del Instituto Superior de Ciencias Terapéuticas y Educativas 

Revista Otoño 2012