PSICONEUROBIOLOGÍA DE LA ATRACCIÓN Y EL AMOR

PSICONEUROBIOLOGÍA DE LA ATRACCIÓN Y EL AMOR

PSICONEUROBIOLOGÍA DE LA ATRACCIÓN Y EL AMOR

Autor: Dr. Pablo R Cólica -Médico- Julio 2009 – Asociación de Medicina del Estrés de Córdoba (AMEC).El siguiente artículo ha sido redactado tomando como base y en parte reproduciendo conceptos y párrafos contenidos en la bibliografía mencionada al final del texto.                                                                                             En este trabajo he recopilado información referida esencialmente al amor de pareja. Solo tangencialmente se menciona al amor maternal, el amor con sentido religioso y otras formas de amor. Al final se pueden encontrar referencias bibliográficas y de publicaciones web que lo complementan y algunas con citas parciales.

El amor y el estrés están muy ligados. El ser humano debió adaptarse al amor en la pareja, a partir de un comportamiento instintivo primario,  que era puramente reproductivo. Aún hoy le cuesta esta adaptación, costos que en muchos casos se acumula como carga alostática (La alostasis puede definirse como la habilidad de adaptarse exitosamente a los cambios) y sobrepasa los beneficios del estrés sano, puramente adaptativo. El amor como toda emoción, en realidad, no es en si mismo ni bueno ni malo: depende de su magnitud. En su justa medida es seguramente una de las emociones más sublimes; pero en exceso o defecto, seguramente se irá convirtiendo en un calvario, para quien lo sufre y para quien lo recibe.

En la práctica clínica, es una de las causas más comunes de estrés psicoemo_ cional.

Veamos ahora, algunas modificaciones tangibles que provocan en nuestro organismo “mente-cuerpo” esa indescifrable emoción o impulso. He encontrado muy interesantes dos trabajos que reproduciré: uno de la Dra. Donatella  Marazziti y otro de la Antropóloga Helen Fisher.

En la revista New Scientist N° 2446, se publican los resultados de la investigación de Donatella Marazziti  (Universidad de Pisa)www.donatellamarazziti.com, donde se observa que en los recién enamorados se reducen las diferencias hormonales entre sexos, el nivel de testosterona disminuye fuertemente en el hombre enamorado, mientras que el de esta misma hormona crece en su compañera. Es decir que en la fase turbulenta del enamoramiento reciente los hombres se hacen menos masculinos y las mujeres se parecen más a ellos.

Este sería un cambio natural que tiende a eliminar las diferencias entre hombres y mujeres, para, de este modo, hacer más fácil y profundo el encuentro. “Es como si la naturaleza quisiera eliminar lo que pueda ser diferente entre el hombre y la mujer, porque lo más importante es sobrevivir y formar pareja en esa etapa” dice Marazziti.

También se demostró que durante los seis primeros meses de relación de pareja, el nivel de cortisol, había aumentado de forma notable, tanto en hombres como en mujeres. Todos sabemos que el enamoramiento provoca estrés; sobre todo la primera vez que enfrentamos esta emoción esperada pero desconocida. También provoca estrés el no enamorarse nunca y mucho peor el no ser correspondido.

En 1999 Marazziti  ya había constatado que en los enamorados caen los niveles de serotonina ( un neurotrasmisor con efecto calmante) muy por debajo de lo normal, dando base científica a la “locura del amor”. De hecho, este bajo nivel de serotonina también se da en personas con desorden obsesivo-compulsivo. Por eso se dice que la etapa del enamoramiento se vive como un trastorno obsesivo-compulsivo.

Unos y otros pierden la cabeza, aunque por causas muy diferentes. Lo cierto es que con buenas bases biológicas todo esto ha dado lugar a que se diga que el enamoramiento es una “locura temporal” y que produce diversos grados de estrés.

Más adelante veremos que el inicio de estos procesos, es consecuencia de fenómenos aparentemente ligados al instinto evolutivo puesto que no sería muy diferente a la secuencia de otras especies. Los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes feromonas  (lo mismo que en otras especies e incluso las plantas) que traen el aroma de la persona adecuada, lo que comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos racionalmente pero que nos lleva a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos chocan con la persona indicada y podemos quedar fascinados por alguien en fracciones de segundos, incluso antes de tomar plena conciencia de su existencia.

Inmediatamente se produce una sustancia en el SNC que actuaría como indicadora, la feniletilamina (FEA) de un proceso neuroquímico que puede dividirse en dos fases sucesivas: atracción y enamoramiento. La FEA es una sustancia derivada del aminoácido fenilalanina y se la considera un neuromodulador catecolaminérgico que desencadena el mecanismo simpático. Su estructura química es muy similar a la alfa-metil-anfetamina y es inactivado por una enzima MAO-B. Justamente con ello se activa el mecanismo simpático del estrés con producción de adrenalina y NA. La FEA desencadenará la secreción de dopamina en el SNC que activa el circuito de la recompensa y se alterarán los niveles de serotonina, dando paso al enamoramiento. Ya vimos como estos procesos ocurren en consonancia con alteraciones hormonales.

Pero el relámpago amoroso pasa pronto, una vez pasada esa primera fase intensa, donde las diferencias entre los sexos disminuyen considerablemente, todo tiende a volver a su cauce natural. Así, en los estudios realizados al cabo de un año, Marazziti comprobó que todos los niveles hormonales se habían normalizado.

Entre tanto, seguramente la testosterona aumentará cuando se deja paso a la pasión. En muchos casos la respuesta pasional se produce antes del enamoramiento y en otros después.

¿Qué mecanismos cerebrales se activan cuando estamos enamorados? ¿Son iguales en ambos sexos? ¿Por qué seguimos amando a pesar de haber sido rechazados?

La antropóloga Helen Fisher, profesora del Departamento de Investigación de la Rutgers University de New Jersey –EEUU-, identifica en el cerebro humano tres aspectos del amor:

a) lujuria; b) enamoramiento y c) unión o apego.

La lujuria – deseo sexual- es producto de la testosterona.

El enamoramiento, se atribuye a la dopamina, que es el neurotrasmisor de la búsqueda de la recompensa y los cambios en los niveles de serotonina.

La unión o apego –más permanente- llega cuando el amor se consolida, el vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura y tienen que ver con la oxitocina.

Pudiendo agregar la certeza de la felicidad a la vasopresina.

Según esta teoría de Helen Fisher, existen tres sistemas cerebrales relacionados con el amor que interactúan entre sí:

·        El impulso sexual.

·        El amor romántico.

·        El cariño o apego tras una larga relación.

A partir de esta premisa, realizó una investigación con un grupo de 32 personas que declaraban estar enamoradas a las que se les hizo escaneo cerebral por resonancia magnética para ver que activaciones se producían en el cerebro; 17 de ellas decían ser correspondidas y 15 habían sido rechazadas. Entre las que estaban enamoradas y eran correspondidas hallaron actividad en la zona tegmental ventral del cerebro, que produce dopamina, y en el núcleo caudado. Ambas zonas forman parte del sistema básico de búsqueda de placer y recompensa, que se asocia con la motivación por conseguir determinados objetivos.

El área de la zona tegmental ventral en la que encontraron actividad es la misma que se activa cuando la persona experimenta con la cocaína. Esto indicaría que “el amor romántico no es una emoción, sino que es un impulso, una necesidad fisiológica del ser humano”, y por tanto, buscada a lo largo de la vida. [del transcriptor: ¿ O las emociones tienen una expresión fisiológica? Desde la bioenergética y su visión holística nos hace pensar que las complejas funcionalidades humanas conforman un todo funcional y quizá no haya una una cosa excluyendo otra sino siendo ambas a la vez. La Dra. Ann Brennam habla de realidad holográfica en su libro “Manos que Curan”].

Entre las 15 personas que habían sido rechazadas encontraron actividad cerebral en otras áreas del mismo sistema de recompensa:

·        En parte del núcleo acumbens, que se relaciona con las conductas aditivas (como al juego, tabaco, comidas, etc.).

·        En la corteza insular, que se asocia con las percepciones del dolor físico, y

·        En la corteza orbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos cuando baja la serotonina.

Esto explicaría porque algunas personas siguen enamoradas a pesar de haber sido rechazadas ya que estas áreas siguen perteneciendo al sistema de búsqueda del placer, que en estos casos se seguiría buscando. A pesar de no recibir lo que uno quiere, la dopamina sigue activando esas zonas. De esta manera se comienza a comprender el mecanismo neurobiológico de los celos y de ciertos comportamientos obsesivos.

Según Fisher, algunos de los mecanismos descriptos son iguales en hombres y mujeres, involucrando el núcleo caudado y el área tegmental ventral. Sin embargo, existen diferencias. “En hombres hemos encontrado más actividad en parte del lóbulo superior, que se asocia con la integración de los estímulos visuales, mientras que en la mujer, las áreas que entran en juego se relacionan con la memoria y los recuerdos”.

 Además, ha añadido que las actividades cerebrales que se producen cuando se está enamorado sólo suceden una vez en la relación de pareja, pues “a lo largo del tiempo el amor se va convirtiendo en cariño y apego.

Las áreas del SNC, involucradas son las células del área ventral (tegmental) segmentaria ubicada cerca de la base del cerebro, que tienen proyecciones a las regiones frontales cerebrales, corteza frontal, núcleo acumbens, siendo sus neurotransmisores la serotonina y esencialmente la dopamina, que es el neurotrasmisor motivacional y del sistema de búsqueda de recompensa y se libera según el estímulo. Las hormonas relacionadas con la fisiología del estrés como la oxitocina, cortisol, VP, actúan en el SNC a nivel del eje hipotalámico –limbico- olfatorio, zona que se relaciona tanto con la saciedad como con el sexo.

 

El amor ciego

El enamoramiento provoca cambios que impiden ver los defectos de la pareja. Algo parecido les pasa a las madres con sus bebés.

Helen Fisher ha procurado explicar por qué se dice que el amor es ciego. “Cuando estamos enamorados así como vimos las áreas que se activan, hay un área del cerebro  que se desactiva, una parte de las amígdalas cerebrales, que se relaciona con el miedo. Por eso no vemos los aspectos que no nos gustan”.

Con estudios con resonancia magnética funcional, se corroboró que cuando las personas estudiadas veían fotos de sus seres amados se activaban las áreas que pertenecían al “sistema de recompensa cerebral, medidas por dopamina” y que contienen una alta densidad de receptores para las hormonas oxitocina y vasopresina. Dichas hormonas son producidas “durante los placeres táctiles del acoplamiento”, según afirma un estudio.

Por otra parte, el neurobiólogo británico Semir Zeki, en relación al amor romántico, observó una activación de la corteza cingulada anterior, de la corteza prefrontal derecha y la corteza temporal de los dos hemisferios. Se explicaría así por qué el “amor es ciego” vinculando así esta expresión que se da paralelamente a esa activación, y que desactiva los circuitos cerebrales responsables de las emociones negativas (la amígdala, que como vimos, está estrechamente relacionada con el peligro y el miedo) y de la evaluación social, por lo que se inhibirían las emociones negativas, afectándose el circuito neural involucrado en realizar un juicio social sobre otra persona. Eso provocaría que cuando alguien gusta mucho de otro, sólo lo juzgue por sus aspectos positivos y “no vea” los negativos.

Interesante es la publicación en New Scientist de otro equipo de investigación, dirigido por Bartel, quienes también corroboraron que cuando la gente contempla a su enamorado, se suprimen los circuitos neuronales que normalmente están asociados a la “evaluación crítica” de la otra persona.

Ya hemos visto como en el estado de enamoramiento, en el comienzo de una relación, hay zonas del cerebro que se activan específicamente, y que neurotransmisores como la dopamina y la serotonina están relacionadas con las emociones románticas; mientras que las hormonas oxitocina o vasopresina tendrían que ver con el apego y la fidelidad.

        vasopresina

 

Al enamorarse se activan algunos procesos cerebrales y se segregan sustancias que hacen cambiar al individuo. De hecho, cuando uno se enamora cambia hasta su forma de ser y entre otras cosas, como dice Bartel, se suprimen circuitos que sirven para la evaluación crítica.

Estos cambios tienen que ver con que la oxitocina aumenta la confianza, y es un factor importante en el desarrollo de una relación amorosa. En una experiencia de un juego de laboratorio ideada por el neuroeconomista Ernst Fehr, de la Universidad de Zúrich (Suiza), casi la mitad de los que tenían el papel de inversores dieron su dinero a un administrador anónimo, sin garantías de que se les devolviera, si aspiraban oxitocina antes de jugar.

Inspirados en este estudio, el equipo de Andreas Meyer-Lindenberg, del Instituto Nacional de Salud Mental (EEUU), estudió que pasaba en los cerebros de los voluntarios que aspiraban la oxitocina. Encontró que la hormona reducía la actividad de una parte del cerebro conectada con el hipotálamo, donde se detecta el temor, y su acción parece ayudar a sobreponerse al “temor social”, lo que facilita el unirse a otra persona.

Sin duda, para que el lazo pueda tener lugar, el varón y la mujer deben estar juntos y para muchas personas eso significa pasar por los pros y los contras de enamorarse. Pero en el amor romántico parece “incendiarse” el cerebro y perderse muchas de las posibilidades de evaluación objetiva.

Los neurotransmisores son fundamentales. “Enamorarse es una transitoria tormenta de neurotransmisores al servicio de la fusión monógama imperfecta, es decir la pareja”.

Hay que remarcar que cuando se habla del amor, el romántico, los enfoques para abordarlos pueden ser variados. “Las manifestaciones afectivas o emocionales, entre las que están el amor, la alegría, la ira, el miedo, estas tienen un componente psicológico y otro físico; expresándose éste último, a través de cambios somáticos y viscerales”, (Roberto E. Sica, Jefe de División Neurología del Hospital Ramos Mejía).De manera que muchas manifestaciones físicas también pueden evidenciarse en estos casos.

Hemos visto que los mismos patrones neuronales implicados en la formación de relaciones románticas están implicados en la adicción a las drogas. El proceso cerebral de emparejarse (formar pareja) con otra persona podría ser similar al de convertirse en adicto a las drogas puesto que ambos activan los circuitos del sistema de búsqueda de recompensa  del cerebro.

Esto impide descubrir defectos en el enamorado, y presta más soporte científico al dicho popular “el amor es ciego”. Pero, en la ciencia del amor también se observa que existe una respuesta natural que obedece algunas reglas instintivas como las feromonas y estéticas indicadas por el cerebro en relación a aquello que mejor nos impresiona al primer golpe de vista. O quizá sigamos pensando así porque preferimos seguir viendo al amor como espontáneamente poético, incidental y sin control. Lo cierto es que no todo debe ser hormonal o debido a una buena interacción entre neurotransmisores. En el amor, se sabe, hay otros misteriosos ingredientes.

 

FIDELIDAD Y PROMISCUIDAD

 Con respecto a la fidelidad y la promiscuidad son interesantes los hallazgos de investigadores del “Centro Nacional de Investigación de Primates YERKES de la Universidad de Emory y del Centro de Neurociencia Conductual de Atlanta (BNC)”, quehan logrado, transfiriendo un gen en el sistema de recompensa cerebral, y convertir el comportamiento promiscuo de un macho de ratón del campo en monógamo.

Este descubrimiento, publicado el 17 de junio de 2006 en la revista “Nature”, podría ayudar a entender mejor la neurobiología subyacente en el amor romántico.

Richard Dawkins (“el gen egoísta”) y Jared Diamond (“¿Por qué es divertido el sexo”? o ¿”El tercer Chimpancé?), expertos en biología evolutiva y etología, exponen en sus libros y artículos científicos innumerables ejemplos de comportamiento animal, tanto monógamo como polígamo. Tanto estos expertos como otros han tratado de ver en los comportamientos animales una tendencia a perpetuar su especie. Ahora, se empiezan a conocer los genes, es decir, los mecanismos biológicos, que determinan este comportamiento.

Las diferencias en los niveles del receptor de la vasopresina entre los ratones de campiña y del monte o pradera podrían explicar sus opuestos comportamientos a la hora de aparearse.

Estudios previos de ratones del monte o pradera (Microtus Ochrogaster), machos, monógamos, que forman relaciones sociales o parejas de larga duración  con una sola compañera, revelaron que los cerebros de los animales contenían altos niveles de receptores de vasopresina en, una de las principales regiones del cerebro relacionadas con la recompensa, el área tegmental ventral.

Entre las especies comparativas de ratones, el ratón de campiña promiscuo (Microtus Pennsylvanicus), que se emparejaba frecuentemente con diferentes parejas, tenía poca cantidad de receptores de vasopresina en esta área.

Los científicos usaron un virus no dañino para transferir el gen receptor de la vasopresina de ratones de pradera en el área tegmental ventral de ratones de campiña, lo que aumentó el número de los receptores de la vasopresina  en estos últimos hasta los niveles de los ratones de pradera.

Como los ratones del monte o pradera, los anteriormente promiscuos ratones de campiña experimentaron una fuerte preferencia hacia sus actuales parejas en lugar de hacia nuevas hembras.

Este descubrimiento corrobora, además, investigaciones previas que relacionan la formación de relaciones sociales con la adicción a las drogas, también asociadas con el sistema de recompensa cerebral.

Tom Insel ha demostrado que un determinado estímulo externo provoca un aumento en el número de receptores para oxitocina y para vasopresina en sitios límbicos, los cuales se activan al liberarse la hormona correspondiente para conferir un valor de refuerzo selectivo en una pareja o, dicho poéticamente, se produce el enamoramiento.

 En una nueva observación notamos que los ratones de pradera que viven en pareja y son monógamos: ambos cuidan a sus crías, no observando lo mismo en los ratones de campiña, en que el macho es polígamo y la hembra no cuida a sus crías.

Los trabajos de Insel revelaron una gran diferencia en la distribución de los receptores moleculares en el cerebro de ambos tipos de ratones pero no en la magnitud de secreción (expresión) de las dos hormonas. Son, pues, los receptores moleculares los responsables de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas. El grupo de Insel también logró transformar la conducta de los ratones por manipulación genética. Quizá la evolución natural del ser humano llegue a que se modulen sus genes hacia la fidelidad. Algunos antropólogos creen que no se llegaría a ser como los pingüinos, que son monógamos aún post mortem de la pareja, o los cisnes de cuello negro; pero sí como algunas especies de primates que son monógamos mientras dura la relación  pareja pero pueden tener parejas sucesivas. Entre nosotros, la tendencia cultural sería esta, por lo que finalmente se está imponiendo en todas las sociedades el divorcio en condiciones más igualitarias. Esta tendencia cultural indudablemente está influida por los conceptos religiosos. Es así que en EEUU socialmente se admite mucho menos la infidelidad que el divorcio, en cambio la sociedad dónde habría mayor infidelidad y menos divorcios, todo “culturalmente” aceptado, al menos hasta la década del noventa, es Italia. Como en tantos otros casos, no hay estadísticas confiables en nuestro país.

Este ejemplo de participación de la modulación ambiental y cultural de los genes en el comportamiento, así como los experimentos transgénicos antes relatados, trasladado a los humanos, contribuyen a una aproximación al conocimiento de la neurobiología del amor.

El amor romántico y el maternal compartirían circuitos neuroquímicos. Pero sólo el romántico incluye la activación de las áreas hipotálamo donde se induce la producción de testosterona. La sensualidad, la parte sexual del amor, está conectada con el amor romántico, pero no con el maternal.

Sin embargo se sabe que en el orgasmo femenino se segrega gran cantidad de prolactina y puede haber secreción mamaria.Los perinatólogos deben instruir a las madres que amamantan que no es anormal sentir cierta forma de placer “sensual” en el acto del amamantamiento, dónde naturalmente predomina la acción de la oxitocina. Es que las vías de señalamiento están muy interconectadas. Al final de la preñez, altos niveles de estrógenos aumentan el número de receptores de esa hormona en algunas partes del cerebro. El instinto maternal en ratas se despierta durante el alumbramiento, el trabajo de parto dispara la liberación de oxitocina y cuando la hormona llega a los receptores produce en la madre una adicción a sus pequeños y a su particular olor.

Cada vez que la madre huele a sus hijos es posible que sienta la sensación de inminente recompensa parecida a la de un adicto al pensar en la droga. Es impresionante la experiencia de las regiones de África asoladas por guerras genocidas, donde abuelas de avanzada edad que quedaron a cargo de bebés, por asesinatos de sus padres, en esos terribles éxodos a que fueron sometidos los sobrevivientes en medio de grandes hambrunas, comenzaron a producir leche en sus magros senos para alimentar a esos niños y mantenerlos vivos. Quizá una de las mayores evidencias del poder del amor entremezclado con el instinto de conservación.

En uno de sus últimos trabajos, Fisher ha estudiado 58 culturas de todo el mundo, comprobando que en todos los lugares las pautas de las relaciones amorosas eran similares. El estudio constató que las mujeres tendían a tener hijos cada cuatro años y que el momento en que una pareja tiene mayores probabilidades de divorciarse se ubica en el cuarto año de relación. Así elaboró la teoría del ciclo reproductor de cuatro años; Fisher cree que este ciclo es el remanente de la temporada de reproducción de nuestros ancestros ya que considera que es el tiempo en que un hombre y una mujer deben permanecer juntos al menos hasta que su hijo camine y se destete y para que pueda ser cuidado por otros.  

Esto habla de que las relaciones más permanentes serían producto de la evolución cultural de la civilización.

Pero, ¿qué sucede con formas más amplias de amor? Como el amor religioso o espiritual, a Dios y la humanidad. El amor que se siente por los marginados y hasta por los enemigos es fundamental en el mensaje espiritual de todas las religiones. El budismo, aun no siendo una religión, es una de las filosofías que incluye prácticas de meditación para desarrollar estos sentimientos.

Al buscar correlación entre este amor espiritual más amplio y los cambios en el cerebro no es entonces sorprendente que los científicos se hayan dirigido a los monjes budistas tibetanos, que practican la meditación relacionada con la compasión amorosa. Ellos consideran que llegar a sentir compasión es el máximo sentimiento que se puede lograr.

Los primeros resultados mostraron que los monjes tibetanos tienen una actividad cerebral inusual cuando meditan en la compasión amorosa. Richard Davidson, de la Universidad de Wisconsin-Madison, encontró excepcionalmente niveles altos de actividad eléctrica integrada durante la meditación, especialmente en la corteza prefrontal derecha, también muchos experimentos han demostrado que esas áreas pre frontales de la corteza son las mismas que se activan cuando una madre observa la foto de su hijo. Por supuesto que lo que hoy se puede evidenciar por estos métodos de escaneo cerebral revelan solo una muy pequeña parte de lo que realmente ocurre a nivel molecular o mono molecular.

Estos son solo los primeros pequeños pasos en buscar las raíces del amor. Una encíclica del Papa Benedicto XVI afirma que “el amor es una sola realidad, pero con diferentes dimensiones”.

 

Estrés y Fidelidad

Cuando el ser humano está sometido a situaciones de estrés prolongado, en la segunda fase (de resistencia) del mecanismo de estrés, están permanentemente aumentadas la secreción de las hormonas CRH hipotalámica y VP (Vasopresina o ADH) hipofisaria, que se potencian mutuamente. Según predomine una u otra habrá comportamientos conductuales distintos. Si el predominio es CRH habrá más manifestaciones de ansiedad y depresión, además del estímulo sobre los ejes hipófiso, tiroideo y cortico adrenal. Si predomina la secresión de VP las manifestaciones serán más relacionadas con la agresividad y hostilidad, que se da más en hombres por que se necesita mayor respuesta de testosterona, junto a mayor respuesta hipertensiva.

Es probable que este comportamiento agresivo y hostil y los niveles de testosterona, tengan relación con el desarrollo de mayor cantidad de receptores de VP en otras áreas cerebrales, que induzcan a la promiscuidad e hipersexualidad ligada a búsquedas insatisfechas de recompensas en relación al esfuerzo realizado, que se observa en algunos tipos de respuesta al estrés, como por ejemplo en el Burnout. Como sabemos, en el Burnout es muy común que quien lo padece encuentre una gran desproporción entre el trabajo realizado y su reconocimiento (recompensa).

Antes vimos que en la respuesta al estrés del eje CHHA se producía secreción de CRH por parte del hipotálamo, sustancia predominantemente ansiogénica y depresógena y por acción de la misma sobre la hipófisis, por ruptura de la POMC (Pro-opio-melano-cortina) se segregan ACTH y VP u hormona antidiuretica (Adenocorticotrophica y Vasopresina), además de TSH, Endorfinas, pro Melatonina, etc.).

Ambas CRH Y VP potencian sus acciones mutuamente. La VP tiene más relación con conductas de agresividad y hostilidad en el mecanismo del estrés, en proporción al pool de testosterona, naturalmente mayor en el hombre. Esto explica el predominio de ciertas conductas ante el estrés según el género.

En un estrés normal, tal como sucede en el enamoramiento, hemos visto que estas hormonas sirven para fijar comportamientos positivos. La mayor disponibilidad de receptores a VP en determinadas áreas de los sistemas de recompensas, parecen estar relacionados, como ya vimos con la fidelidad. Pero, cuando el estrés se sostiene (fase de resistencia y de agotamiento), en aquellas personas con predominio de producción de VP por sobre el CRH, primero puede desencadenarse un mecanismo de baja regulación (down regulation) de los receptores “de la fidelidad” y luego la activación de receptores en otras áreas del cerebro, tal como se postula en las experiencias que intentan explicar la promiscuidad, la poligamia y la hipersexualidad.

También se ha postulado que la tendencia masculina a la poligamia tendría una raíz cultural asentada en la necesidad de mantenimiento de la especie, en función de la menor cantidad de hombres que habría sido casi constante en la antigüedad, puesto que morían proporcionalmente más por las luchas tribales, el enfrentamiento a los animales depredadores y luego por las guerras. Tal conducta cultural se habría fijado filogénicamente. O sea que la naturaleza habría hecho por su cuenta un experimento transgénico parecido al de los ratones que vimos anteriormente y que ahora podía comenzarse a revertir por las influencias culturales.

Desde los experimentos de Fisher se reconoce que las turbulencias de las primeras etapas deja luego paso a lo que denominamos el “apego”.

La oxitocina sería la hormona responsable de que la atracción inicial de paso a un vínculo de amor duradero. También las investigaciones de Gareth Leng, de la Universidad de Edimburgo, coinciden que esta hormona ayuda a forjar lazos permanentes entre amantes tras la primera oleada de emoción.

La oxitocina está involucrada en muchos aspectos del amor, desde el maternal hasta el hecho de que según sea su nivel, algunos logren permanecer felices por décadas con la misma pareja, y que otros sean incapaces de forjar una relación duradera. Varias investigaciones han descubierto que la hormona, que es producida en grandes cantidades por el cerebro durante el parto, la lactancia y cuando hay actividad sexual, es importante para incitar el comportamiento maternal en los animales.

Se ha demostrado que las neuronas oxitocinérgicas no sólo secretan este péptido al torrente sanguíneo, sino que también lo contienen y liberan en las terminales sinápticas de las neuronas, lo que significaba que, además de funcionar como una hormona, lo hace también como un neurotrasmisor. Partiendo del razonamiento de que durante el parto se produce una liberación masiva de oxitocina, Kurt Pedersen, de la Universidad de Carolina del Norte (EEUU), propuso que esta hormona además de liberarse en el torrente sanguíneo, pudiera también secretarse dentro del cerebro y postuló que probablemente se relacionaba con el inicio de la conducta maternal.

Experimentos hechos con ratas de laboratorio confirmaron su teoría. Cuando las ratas no están embarazadas ni lactando, rechazan a las crías, tanto incluso se las comen. La hembra tiene que pasar por el periodo de gestación para que esta conducta cambie, de tal manera que antes del parto, si se le acercan crías, puede llegar a aceptarlos. La oxitocina provocó el mismo efecto en sólo una hora después de su administración en los ventrículos cerebrales de ratas vírgenes. Las ratas que una hora antes eran caníbales, se transformaron en madres amorosas por la acción de la hormona.

Ya hemos hablado de los trabajos de Insel, que revelaron una gran diferencia en la distribución de los receptores moleculares en el cerebro pero no en la expresión de las hormonas VP (vasopresina) y OxH (oxitocina). Son, pues, los receptores moleculares los responsables de la estimulación de las neuronas en respuesta a las hormonas.

Varias experiencias han demostrado que el contacto físico, las caricias, el abrazo protector o contenedor, el “acurrucarse” de la pareja entre si, libera gran cantidad de oxitocina y de endorfina.

De esa manera los circuitos psiconeurobiológicos van activándose ante el hecho emocional del deseo de permanecer juntos, así se construye una nueva forma de erotismo en la pareja, con menos testosterona y más oxitocina. De esta manera se siguen liberando y se activan los circuitos de la recompensa.

No obstante, se ha comprobado en experiencias con parejas estables que conviven desde hace muchos años que más de la mitad lo hacen por cuestiones convencionales, sociales, económicas, etc. Sin experimentar ningún contacto físico de este tipo. Sin duda que con toda seguridad, estas últimas, son mucho más vulnerables a las enfermedades por estrés que las mencionadas anteriormente.

Muchas veces, el necesario “cambio de la calidad de vida” puede empezar con cosas muy simples, desde el punto de vista emocional. Es posible que una predisposición distinta, una redefinición reflexiva sobre los vínculos pueda desencadenar la multiplicación de receptores cerebrales a las hormonas del apego y fidelidad. Luego, el abrazo y la caricia oportunos se traducirán en mayor producción de oxitocina (OxH) que se fijará en los receptores correspondientes y de endorfinas con sus efectos placenteros.

 

Filosofía y “Química” del amor

La visión del amor es una condición que se ha tratado de explicar desde varios puntos de vista como el filosófico; sociológico; étnicos; religiosos; sexuales; etc.

Conocemos que el amor es un fenómeno neurobiológico complejo, que además se relaciona con las creencias, el placer y las recompensas.

Este proceso involucra a la oxitocina, vasopresina, dopamina, serotonina y las endorfinas y mecanismos morfinérgicos endógenos que se unen a las vías de autorregulación con el óxido nítrico y con las citoquinas proinflamatorias originadas en el estrés, todo lo que tiene gran importancia en los mecanismos de envejecimiento cerebral.

Repasemos algunos de los principales neurotransmisores:

*    Dopamina (DA): ha sido involucrada en varias funciones, entre las cuales se incluye la motivación, el movimiento, la atención, el aprendizaje y básicamente con los mecanismos de la búsqueda del placer y recompensa. Relacionados también con los efectos de ciertas drogas y otras adicciones.

*    Noradrenalina (NA): involucrada en una variedad de fenómenos cognitivos-conductuales tales como el estado de alerta, la vigilia, el control del hambre y la conducta sexual. Aumenta desde el comienzo del mecanismo del estrés.

*    Serotonina (5HT): relacionada con la sensación de bienestar, actúa en el mecanismo del sueño por la proyección que hay desde los núcleos del Rafe del Ponto al Ponto Geniculado Occipital, también se relaciona con el aprendizaje y la pérdida de su modulación con distimia, ansiedad, depresión y TOC.

*    Acetilcolina: se la considera un mediador en los procesos de la memoria y el aprendizaje en el SNC.

*    GABA: neurotransmisor inhibitorio por excelencia y en cuyo Complejo Receptor actúan los principales ansiolíticos como las benzodiacepinas.

*    Glutamato: Neurotransmisor exitatorio que ha sido relacionado con procesos de aprendizaje y memoria.

*    Testosterona; Oxitocina y Vasopresina: Las cuales hemos visto modulan respuestas emocionales mediante la mayor o menor expresión de sus receptores cerebrales – ídem para estrógenos, progesteronas y muchas otras sustancias producidas por distintos órganos y sistemas-.

 

La recompensa natural o de actividades placenteras son necesarias para la supervivencia y motivación diarias, Existen signos comunes y hallazgos neurobiológicos que interrelacionan los conceptos del amor, combinando aspectos fisiológicos relacionados con la maternidad, el romance o el sexo.

El amor, como una sensación indescriptible, se refiere a un sentimiento elevado que une a las personas más allá de la necesidad de procrear y en la actualidad se considera única a esta concepción del amor.(siendo esto materia de discusión- Juan C Orozco).

En la historia de la humanidad ha sido difícil el amor, un sentimiento paradójico por excelencia, que a la vez es éxtasis y tormento. Los filósofos y los poetas no han dejado de generar escritos tratando de acotarlo en palabras. Pero eso es imposible: como la fe, no se puede explicar con palabras ese profundo sentimiento universal.

Hemos visto como investigaciones científicas recientes sobre el tema intentan darle una dimensión bioquímica. Desde hace 10 años, los científicos se han dedicado a investigarlo y han descubierto que tiene una importante base biológica, por lo que su estudio ha dejado de pertenecer exclusivamente a la antropología y a la psicología.

Existe a sí mismo una tendencia genética hacia el amor: “estamos programados por nuestros genes para amar y para despertar en los humanos esa compulsión”. Los genes utilizan la química cerebral.

El amor es una emoción muy compleja en la que intervienen numerosos tipos de moléculas necesarias para producir los característicos arrebatos sentimentales. Así como nuestros sentidos son la puerta de entrada de todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el amor no sabemos muy bien como entra y da comienzo a una guerra química, hormonal y eléctrica que produce toda una nueva alquimia corporal.

Encontrar a la persona que nos atraiga es el primer paso para la amistad y el amor, dónde intervienen el sentido de la vista y del olfato, afirmación que se debe al descubrimiento de sustancias llamadas “feromonas” (volátiles), que viajan en el aire sin destruirse. Constantemente los receptores olfativos del ser humano reciben diferentes feromonas, hasta que el aroma de la persona adecuada comienza a inquietarnos en un proceso que no registramos racionalmente pero que obliga a buscar el origen de la perturbación. Así los ojos chocan con la persona indicada

 Y se produce el contacto visual, lo que ocasiona una descarga eléctrica que pone al cerebro en una situación de alerta máxima. Ni hablar si hay contacto de “piel a piel”. Se secretan diversas sustancias entre las que destaca una que actuará como directora: la “feniletilamina” (FEA). El proceso químico puede dividirse en dos fases neuroquímicas sucesivas: 1) atracción y 2) afecto o enamoramiento. En la primera la FEA orquesta la secreción de sustancias como la dopamina o la norepinefrina, dos “anfetaminas” cerebrales que producen desasosiego.

Para evitar este último efecto, existe la posibilidad de que el amor ponga en marcha una segunda fase neuroquímica inmediata. En ella primeramente se producen “endorfinas y encefalinas” (opiáceos cerebrales), que confieren por un lado afecto hacia la otra persona y en las parejas estables gran seguridad, paz y calma.

Finalmente un péptido la oxitocina, llamado del abrazo, que provoca una necesidad de acercamiento físico. Los afectos no lo saben, pero un día cuando se les acaba la ración de droga cerebral, por la separación o por la muerte de uno de los amigos o amantes, llegan las depresiones, las angustias, el miedo, etc. Ocasionando un caos biológico  que produce un estado de enfermedad.

Los neurotransmisores  como la “dopamina” y “serotonina” se relacionan con las emociones románticas y las hormonas “oxitocina” y “vasopresina” tienen efecto sobre la afinidad y fidelidad con alguien para quedarse en una relación duradera.

La liberación de dopamina afecta cuatro puntos cerebrales; el nudo acumbens, el septum, la amígdala y la corteza prefrontal. Las cuatro juntas activan el hipotálamo como centro de las emociones.

Durante el estímulo las neuronas liberan “dopamina” y se activan los receptores que provocan los mecanismos del deseo y el placer, activando a su vez otras neuronas. Cuando hay exceso de dopamina liberada al ver al amado, la persona siente una profunda sensación de bienestar y así se cierra el circuito del amor.

Enamorarse es provocar una transitoria tormenta de neurotransmisores para la función monógama en la pareja, el erotismoes el correlato fisiológico del enamoramiento que ocurre en el cerebro y se proyecta en el cuerpo con el acto del amor.

Existe un cuarto paso, que sería “una fase neuroendócrina” conocida para los amantes como “la pasión”. Esta última puede llevar su tiempo en desatarse, dependiendo de la biología individual y del tipo de educación que se tenga. En esta fase se tienen cambios en la producción de “Melatonina” que participa en la regulación de nuestras etapas de vigilia y sueño; la disminución de “serotonina” y el aumento en la producción de “testosterona” que provoca el impulso sexual.

Por lo que se ve, para que una persona nos atraiga de tan irresistible manera, se conjugan una serie de factores que tienen que ver con la evolución, la genética, la bioquímica y la neurobiología; todo esto crea en nuestro cerebro un mapa del amor, un molde mental hecho con recuerdos que determinan lo que nos excitará y nos llevará a querer o a enamorarnos de alguien especial, que se solidifica en la adolescencia.

Pero, las personas no pueden enamorarse a voluntad. No pueden voluntariamente hacer que todos estos centros nerviosos, hormonas y neurotransmisores se pongan en funcionamiento. No pueden manejar voluntariamente a sus feromonas ni a la interpretación cerebral de sus impulsos visuales o táctiles. Esto sucede sin que nos propongamos y sigue constituyendo uno de los tantos misterios de la creación.

Por último, podemos decir que al contrario de lo que comúnmente se piensa, el amor no es eterno. [Pero sí, en cambio, es posible reeditarlo en forma  cíclica disponerse a disparar las baterías hormonales dirigidas en el sentido amoroso que pueden dirigir la vida dándole el sentido monogámico al vinculo amoroso de pareja –nota del transcriptor Juan C Orozco-] , el autor sigue diciendo: El cuerpo lo sabe, considerando que el arsenal pirotécnico del amor con el que estamos dotados se agota con el tiempo: se ha calculado que entre las dos fases “neuroquímicas y la neuroendócrina” pueden transcurrir en promedio de 4 a 7 años.

Se ha encontrado en algunos animales  un péptido conocido como “la señal de la fidelidad” que les permite vivir toda su vida en pareja, como los cisnes de cuello negro. De cualquier manera, una vez que se rompe el encanto y ante el hecho fisiológico de que el amor se puede acabar no significa que se deba “morir de amor” y aún con el caos que esto puede ocasionar, la melancolía no nos ahoga por completo. En los humanos se sabe que lo único que permite a una relación amorosa continuar, cuando esta ya no es impulsada por la fuerza desconocida que provoca las alteraciones neuroquímicas, es convertir a éstas en un reto del intelecto y la voluntad. El amor es cómo las plantas, debe ser cuidado y regado constantemente. [Es en este sentido de recreación permanente que he expresado lo antes dicho, reconociendo “el querer” como una fuerza de voluntad especial a efectos de permanecer junto a su pareja cada ciclo de reelección.- nota del transcriptor Juan C Orozco-]

 

El “amor sin límites”. Los celos.

También hay que destacar el tipo de “amor sin límite”, no egoísta de acciones generosas que ayuda a vivir más tiempo saludable y feliz. El perdón, la compasión y conductas positivas como expresión de amor, cuándo el amor es fuerte, hacen mucho bien.

En Ohio, Estados Unidos, existe un instituto de investigaciones sobre el “amor sin límites”. Su presidente, Stephen Post, explicó que es: “En nuestro instituto investigamos ese tipo de amor sin límites, no egoísta, con acciones y emociones generosas que ayudan a otros”. El perdón, la compasión y muchas otras emociones y conductas positivas son analizadas científicamente como bien y vivir bien. “Las personas que hacen el bien, pueden tener una vida más larga, saludable y feliz”, asegura Post.

Sobre el amor romántico, opina parecido. “Estar enamorado remite al amor romántico o al eros. Los estudios científicos relacionan esto con sustancias químicas en el cerebro que nos hacen sentir bien”, como la dopamina, la serotoninalas endorfinas.

 

“Sus latidos cardiacos –los de ella- llegaban a 200 pulsaciones por minuto. Mientras tanto, su frecuencia respiratoria – las de él- no bajaba de los 20. Las mejillas – de ambos- estaban inequivocadamente sonrojadas, y el sudor les brotaba. Por sobre todo, sus zonas sexuales más activas – el hipocampo, el cíngulo y el resto del sistema límbico – estaban en un pico de actividad. No cabía duda: estaban enamorados”, escribió el biólogo Diego Golombeck en “Sexo, drogas y biología”.

 

Si bien hay correlato en algunas cosas con varios hechos fisiológicos, como dilatación en mejillas y liberación de feromonas, muchos de esos síntomas se relacionan más con la “ansiedad” que con el “amor”.

Las investigaciones no hacen sino mostrar el sustrato orgánico que sustenta todos los procesos mentales. O sea, muestran el error de separar la mente razonante del cuerpo “no pensante”.

El amor duradero y correspondido reduce el estrés y promueve un potencial de salud, acarreando la habilidad de ayuda o beneficios motivacionales con un importante con un importante estado de bienestar. El diccionario define al amor como una intensa sensación de afecto profundo a una persona o a algo.

Algunos investigadores sostienen que podría suprimirse a voluntad el enamoramiento obteniendo sustancias que neutralicen a las que producen el amor. Hace pocos años podía resultar ciencia ficción cortar la lactancia de una mujer. Hoy día se puede cortar hasta la ovulación y se cambia el psiquismo de un individuo como un travesti.

El alcohol, que es una molécula muy sencilla de dos átomos de carbono, seis de hidrógeno y uno de oxigeno (C2H6O), es capaz de producir optimismo, eliminar inhibiciones e infundir valor en nuestro espíritu. Vemos, pues, que sustancias químicas elementales son capaces de producir efectos tan extraordinarios en nuestro sistema nervioso. Si eso se lograra quizá podría suprimir mucho dolor psíquico inútil, suicidios por amor, sufrimientos por la falta de correspondencia del enamoramiento, que es como una corriente impetuosa. Todo eso se podría suprimir, aunque seguramente se perdería en romanticismo, en creatividad artística, etc.

Los celos, que son normales, a partir de cierto umbral, resultan patológicos y se comportan como un trastorno obsesivo. Activan áreas de la corteza órbito-frontal lateral, relacionada con los pensamientos obsesivos.

Esto explicaría por qué algunas personas siguen obsesivamente enamoradas a pesar de haber sido rechazadas, como si tuvieran necesidad de mantener activadas áreas que pertenecen al sistema de recompensa, en el que actúa la dopamina. A pesar de no obtener lo que quieren, consiguen así que la dopamina siga trabajando.

Se postula que en el futuro, podremos detectar y modular ese umbral de los celos mediante fármacos. Pero entramos al posible control farmacológico de las emociones, con todas sus consecuencias bioéticas, terreno que excede a este trabajo.

 

Amor y Genes

Durante la década 1980 – 1990 el paradigma biológico dominante lo constituyó la importancia máxima atribuida a los genes en la especialidad de numerosas actuaciones fisiológicas, patológicas, conductuales, antropológicas, etc. Desde entonces el público ha estado inundado con noticias sobre los nuevos avances en la clonación y función de los genes. Esta atmósfera alcanza su clímax con el anuncio hecho por Craig  el Venter, en febrero de 2001, de la secuenciación de prácticamente todo el genoma humano (que no contenía 100.000 sino 30.000genes). Se cumplía así el objetivo de lo que se consideraba “el proyecto más importante y significativo que la especie humana haya jamás intentado”, el PROYECTO DEL GENOMA HUMANO, aclamado como esperanzadora fuente de la que fluirían grandes beneficios para la humanidad. Así surge una corriente reduccionista que asegura que la clave misma de nuestra condición humana es el genoma humano, el cual definiría nuestras debilidades y límites en cuanto miembro de la especie Homo Sapiens.

Sin embargo, pocos logran aceptar aún que la vida y el hombre mismo se han convertido en objetos de investigación y no sólo de revelación.

Han surgido voces de destacados científicos haciendo notar que constituiría un gran error quedarse con el enfoque reduccionista y pensar que saberlo todo acerca de un gen nos dará la capacidad de predecir su papel en el conjunto de factores que inciden en el funcionamiento normal y patológico del cuerpo humano, pues los genes actúan en el contexto del organismo “in toto”, entero, y también del entorno (ambiente), al que Ortega y Gasset se refirió como “el hombre y sus circunstancias” al decir “vivir es ocuparnos con las cosas entorno. Es a la vez estar dentro de si (intimidad reclusa del organismo) y fuera de si (el mundo exterior)” [Ortega y Gasset 1961: 271-272]. Se ha terminado con la división de los biólogos  frente a esta alternativa o dilema de si la clave de nuestros actos como seres humanos reside en el entorno (ambiente) o en los genes (herencia, naturaleza).

La naturaleza humana es una mezcla de los principios generales de Darwin, la herencia adquirida, los instintos o impulsos, los genes, las leyes de la herencia, los reflejos condicionados, el entrenamiento, las asociaciones, la cultura, el desarrollo, el aprendizaje y la creación de lazos afectivos descritos por Lorenz.

Todos estos fenómenos confluyen en la mente humana y constituyen la naturaleza de la personalidad y el comportamiento del hombre.

Aceptamos que los genes son los que permiten que la mente aprenda, recuerde, imite, cree lazos afectivos, absorba cultura y exprese instintos.

Pero los genes no son sólo portadores de la herencia. Permanecen activos durante toda la vida; se activan y desactivan mutuamente, responden al ambiente y a la experiencia. Constituyen causa y consecuencia de nuestras acciones.

A pesar de su inevitabilidad y poder, no cabe duda de que los genes no sean inmutables, pueden ser modificados por el entorno. Así como hay neuroplasticidad hay también plasticidad genética.

Los genes hox, cuya función es trazar el plano del cuerpo durante su desarrollo precoz, codifican para la producción de los ‹‹factores de transcripción››, que son proteínas que se une a una región específica del DNA llamada ‹‹promotora›› y que actúan como termostatos permitiendo que se exprese o no el gen correspondiente. Es por medio de estas regiones promotoras, donde los científicos esperan explicar la mayor parte del cambio evolutivo en animales y plantas.

Suponen que la evolución de las especies es una diferencia de grado, no de clase, y los animales evolucionan adaptando los “termostatos” o promotores, situados en el exterior de los genes. Así, se estimula la expresión de un gen cuyo producto estimula la expresión de otro gen el cual suprime, a su vez, la expresión de un tercero, y así sucesivamente. En esta pequeña cadena, actuarían los efectos del entorno y la experiencia. Algo externo – como la educación, la alimentación, una riña, un fármaco, una carencia bioquímica o un amor correspondido, por ejemplo – puede influir en uno de estos “termostatos o promotores”. De repente, el entorno puede empezar a expresarse a través de la naturaleza (los genes) denominándose este fenómeno “epigenética”.

La evolución hasta los homínidos se habría producido a través de la adaptación de los promotores de genes más que de los propios genes, lo que de paso permitiría explicar también cómo se consiguió que se agrandara el tamaño del cerebro humano. Que a la vez requirió el agrandamiento de los huesos del cráneo, a fin de albergar esta masa cerebral mayor. Recientemente, un grupo de investigadores estadounidenses postuló que, hace unos 2,4 millones de años se produjo una diminuta mutación del gen ?MHI16? que codifica para una proteína de la musculatura mandibular (un tipo de miocina) debilitándola. Como los cambios de la musculatura tienen influencia sobre los huesos que la sostienen, el debilitamiento mencionado permitió que los huesos del cráneo se volvieran más grandes, posibilitando contener un cerebro más voluminoso y de mayor potencialidad.

En fin, esto es materia de discusión. ¿Es la naturaleza a través de “mutaciones” espontáneas y azarosas la que posibilita la evolución?, ¿son respuestas a estímulos o programas de una inteligencia superior y universal? Lo cierto es que lo que sabemos hasta ahora es que ese orden (o desorden) se expresa a través de modificaciones en el genoma humano, donde influye el ambiente, el entorno, por lo que hoy hablamos de “ambioma”.

William James pensaba que el amor es el más fuerte de los instintos.

Algunos han deducido que, si esto es cierto, debe haber algún factor hereditario que dé lugar a un cambio físico o químico en nuestros cerebros cuando nos enamoramos; ese cambio no produciría la emoción de enamorarse como sostienen las teorías biologistas, la facilitaría.

Ya hemos visto los experimentos de Tom Insel que han demostrado que un determinado estímulo externo provoca un aumento en el número de receptores para oxitocina y para vasopresina en los sitios límbicos, los cuales se activan al liberarse la hormona correspondiente para conferir un valor de refuerzo selectivo en una pareja.

Dicho en lenguaje poético, se produce el enamoramiento, como ejemplo de una participación dirigida de los genes en el comportamiento humano.

Otro ejemplo relacionado con el comportamiento humano, en el que participan genes y entorno, es el de la expresión de rasgos conductuales de violencia, ligados al genotipo en adultos jóvenes con un pasado de maltrato y abuso, físico, sexual o emocional en su niñez. Hay trabajos que señalan la importancia de los factores psicosociales y la participación de un gen particular representado por cierta forma de la enzima “monoaminooxidasa” –MAO-, denominada MAO-A, que tiene menor actividad y provoca, por tanto, una anomalía conductual de violencia al no poder degradar adecuadamente el exceso de neurotrasmisores, impidiendo una satisfactoria comunicación interneural. La conducta de hiperagresividad antisocial es mucho más frecuente (el doble) en varones con genotipo asociado a bajo nivel de MAO-A y que habían sido maltratados en su niñez.

Si bien no hay trabajos de valor estadístico en humanos, se han realizado múltiples experiencias en laboratorio que demuestran que en animales con este tipo de defecto, cuando se los coloca al nacer junto a madres con componente afectivo normal, la conducta antisocial se atenúa o desaparece cuando se hacen adultos. Se expresarían nuevos genes modulados por el ambiente de afecto.

Por último, M Ridley señaló que cambios mutacionales puntuales en la secuencia genética que codifica para la proteína llamada factor neurotrófico derivado del cerebro o BDNF llevan a que los individuos sean más o menos neuróticos o bien pueden producir también depresión.

En los próximos años seguiremos viendo como aparecen en la literatura más y más trabajos sobre el tema de la influencia sobre los genes del ambiente, el entorno, la cultura y los afectos.

 

La elección

Hay evidencia científica determinada por la neurociencia que demuestra que nacemos con un cierto instinto de pre selección por la belleza, aún los bebés prefieren la cara de un adulto más atractiva que le sonría, a una fea por la cual lloran o se asustan.

También podemos quedar fascinados por alguien en fracciones de segundos, casi en la forma subliminal, pudiendo evaluar cual les había gustado más o no. Esa velocidad demostró que la atracción tiene menos que ver con la elección y el gesto individual de la persona, que con la elección inconsciente.

Se puede determinar entonces que aquellas personas más atractivas tendrían más chances en ser seleccionadas, esto coincide con los seguidores de teorías que sostienen la supervivencia del más apto o bello, según la teoría Darwiniana para ser seleccionado por la hembra, como es el caso de la hembra al seleccionar al pavo real macho al desplegar su colorida cola.

También parecería que lo que va a ser más atractivo en el ser humano se potencia si este da señales de ser fiel.

La teoría de la evolución humana dice que una mujer para elegir un hombre que determine valga la pena aparearse con él, debe tener la convicción que será fiel, que será preferida, aún comparada con otras mujeres.

La experiencia realizada con 500 parejas casadas durante 40 años mostró que eran más felices con la vida, aquellas que tenían una visión idealizada de su matrimonio. Los que veían una relación más realista de la vida obtenían resultados más bajos de satisfacción matrimonial.

Las explicaciones obtenidas sostienen que para ser más felices se necesita creer y tener una relación correcta con la persona indicada y en continuidad armónica.

Con la intensa actividad mediática de nuestros días nunca hemos tenido tanta libertad para elegir pareja y nunca hemos conseguido hacerlo peor.

Elegir pareja es la decisión más crucial de nuestras vidas. Gastamos una cantidad enorme de tiempo y de energía tratando de hallar a ese alguien especial.

Aún así, generalmente no resultamos satisfechos. Una encuesta realizada en 2005 entre más de 900 personas que usaban servicios de citas online mostró que el 75% no encontró lo que estaba buscando. Pareciera que aún estamos entre tinieblas sobre como hallar a nuestra pareja perfecta.

La naturaleza misteriosa que se esconde detrás de cómo elegimos pareja es un proceso altamente complejo. Sólo somos conscientes de una parte, el resto es inherentemente impredecible u opera fuera de nuestra conciencia, lo que hace que parezca que el amor es una química inefable.

Empecemos por la parte consciente. Existen algunas cosas que encontramos atractivas. Los hombres tienden a desear a aquellas mujeres con características que sugieran juventud y fertilidad, que incluye una ajustada relación cintura-cadera, labios carnosos y rasgos faciales suaves. Estudios recientes confirman que las mujeres tienen gran preferencia por la belleza masculina viril, de cuerpos firmes, amplios hombros, buena piel y rasgos faciales masculinos, todo lo cual puede indicar potencia sexual y buenos genes.

También sabemos que las mujeres se ven ancestralmente atraídas por los hombres con apariencia de ser ricos o que tengan la habilidad de adquirir riqueza (para asegurarse el sostén familiar), y que tanto hombre como mujeres valoran mucho la inteligencia de su pareja.

Las preferencias por estas cualidades ? belleza + inteligencia + recursos = elección ? son universales, pero parecería que debemos elegir de manera que no perdamos tiempo y energía enamorándonos de alguien inalcanzable.

La mayoría tiende a enamorarse de alguien que, en atracción, inteligencia y status, es similar a ella.

Eso, en cuanto a las apariencias. ¿Qué pasa con los criterios que sostienen los elementos de atracción menos evidentes? Un fascinante trabajo sobre genética y elección de pareja ha demostrado que cada uno de nosotros se ve atraído por personas que poseen un particular conjunto de genes, conocido como el principal complejo de histocompatibilidad, que tiene un papel crucial en nuestra capacidad para combatir las enfermedades. Es así que las parejas que tienen diferentes complejos de histocompatibilidad producen retoños más sanos y con mejores sistemas inmunológicos. Y la evidencia muestra que estamos inclinados a elegir personas que se nos acomoden en este aspecto: las parejas tienden a tener complejos de histocompatibilidad mucho más diferentes que si se hubieran unido por casualidad.

En general, se observa esto desde detalles simples, como el hecho de que uno de los miembros de la pareja se resfría y el otro no. Este fenómeno se observó en parejas que se infectaron con HIV, cuando aún se buscaba el origen de esta enfermedad, uno solo enfermaba. Luego se identificó el virus y se vio que el otro era un portador sano, y que podía permanecer en ese estado muchos años. A partir de esas observaciones en la década del 80 se crearon las primeras Cátedras de Psicoinmunología. 

¿Cómo se encuentra la gente que es diferente en su complejo de histocompatibilidad? Esto no se comprende totalmente, pero sabemos que el olor es un factor importante. La gente parece literalmente elegir a su pareja por el olor. En algunos estudios, las personas tendieron a elegir como más atractivas las remeras usadas por otros que tienen un complejo genético diferente. De esto se trata la “química sexual”.

Serían las feromonas, pero también hay una “cuestión de piel” y se sabe que la piel es el órgano inmunológico más extendido.

El mensaje aquí es evidente: “confíe en sus instintos”. ¡Pero cuidado! Hay una excepción alarmante. Es el caso de las mujeres que toman anticonceptivos. Algunos estudios comunican que con ellas sucede lo contrario. Prefieren hombres que tienen genes similares a los propios.

Así, las mujeres que las toman tienen el riesgo de elegir a un compañero que no sea genéticamente adecuado (mejor, primero sentirle el olor y luego tomar las pastillas). Este es un buen ejemplo de cómo la atracción química puede depender de las circunstancias. También la atracción puede fluctuar a lo largo del ciclo menstrual. Los hombres evalúan los aromas de las mujeres como más atractivos cuando éstas están cerca de la ovulación y en estudios de la Universidad de california en Los Angeles, se ha visto que los hombres están más afectivos con sus compañeras a medida que la ovulación se acerca.

No existe el “celo” en la mujer, como existe en la mayoría de las especies, pero si existe el estro en el periodo ovulatorio. No solo para la fertilidad sino también con cambios de comportamiento en relación al deseo sexual. Podría ser un remanente evolutivo del celo.

Así, las preferencias de las mujeres por ciertos aromas masculinos y otras características de los hombres cambian a lo largo del ciclo. Cerca de la ovulación, prefieren más los rasgos de la masculinidad en cambio en otras fases de su ciclo, prefieren menos sexualidad y más estabilidad y calma. Todo esto sugiere que el camino hacia el amor no es algo casual, particularmente en las mujeres.

El tener sexo puede también complicar el camino hacia un posible compañero. Luego de tener sexo, el cerebro libera oxitocina, lo que brinda un sentimiento de amor o más bien de apego y la creación de lazos sociales que facilitan la búsqueda de un hijo. El sexo en sí mismo, por impulso o capricho puede llevar a hacer creer que se tienen sentimientos de amor por una persona que quizá es completamente errada para uno. Confirmemos aquí el  supuesto que el solo sexo no es amor. Para los científicos, el amor es un enigma: Si hablamos estrictamente, el deseo sexual tiene en cuenta la reproducción. Entonces, ¿Cuál podría ser el propósito del amor, especialmente cuando nos hace creer que hemos encontrado a nuestra verdadera “alma gemela” en un mundo lleno de miles de millones de alternativas? (Exaltar las virtudes personales en servicio del bien de la persona elegida y sus circunstancias. Nota del transcriptor.)

¿Cómo les hubiera servido a nuestros ancestros semejantes conductas? Una posibilidad es que los sentimientos de amor actúen como un “freno” que termina con nuestra búsqueda de otro compañero/a, aunque sea temporalmente, de manera que nos limitamos a una persona y nos ocupamos de la tarea de estar en pareja y cuidar la prole.

Pero esto también nos propone otra pregunta: si los caminos del amor son tan variados y casuales ¿Por qué nos decidimos por una persona en particular?

Existen trabajos que postulan que el problema de la elección con incertidumbre puede ser descripta matemáticamente.

Los psicólogos evolutivos Peter Todd (Univ. de Indiana, Bloomington) y Geoffrey Miller (Univ. Nuevo México) utilizaron una estimulación computarizada para determinar cómo una persona podía elegir mejor, dado un número de potenciales parejas. La organizaron de manera que la persona primero calculara un número de opciones antes de decidir qué era lo mejor a lo que podía aspirar en términos de atracción y luego encontrara a quién se ajustara a sus aspiraciones.

Los investigadores descubrieron que de 100 posibles parejas, la proporción óptima de parejas para examinar según las opciones prefijadas, antes de establecer sus aspiraciones y realizar su elección es sólo el 9%. Entonces, de un grupo de 100 parejas posibles es mejor estudiar sólo las primeras nueves (9) que se encuentran al azar antes de elegir.

 

Algunas de las opciones predeterminadas que pudieron cuantificarse fueron:

Virilidad: Las mujeres prefieren a los hombres viriles, musculosos, de espaldas anchas y rasgos masculinos bien definidos. Estas características son interpretadas como indicadores de potencia sexual y buenos genes.

Juventud y Fertilidad: Los hombres tienden a desear a aquellas mujeres con características de juventud y fertilidad, que incluye una ajustada relación cintura-cadera, labios carnosos y rasgos faciales suaves y delicados.

Riqueza: Las mujeres, sugieren otros estudios, prefieren también o se inclinan por aquellos que aparentan poseer riquezas, bienestar o demuestran habilidades para obtenerla.

Inteligencia: Mujeres y Varones valoran, sin dudas, la inteligencia de su pareja.

Ovulación: La atracción por parte de la mujer fluctúa con el ciclo menstrual. Los varones se ven atraídos en mayor grado hacia las mujeres, cuando estas se encuentran en el periodo ovulatorio del ciclo.

 

 

 

Sin dudas los modelos presentados subestiman la real complejidad de la elección de pareja, pero la visión fundamental queda clara: “no busque indefinidamente antes de hacer su elección por: a) no perderse todas las posibilidades y/o b) no quedarse sin tiempo (todos tenemos nuestro memento)”. Si examinamos de menos las posibilidades que se nos presentan no tendremos suficiente información para realizar una elección optima y si atendemos por demás y examinamos demasiado tiempo las posibilidades podemos estar dejando pasar la verdadera posibilidad de encontrar una pareja optima [(no perfecta, ni la mejor) pues queda todo un nuevo tiempo para “construir” la pareja, pues no todo viene hecho ya que a partir de la elección queda “todo” por hacer. (nota del transcriptor)].

De quien nos enamoramos está determinado por una mezcla de factores, de algunos de los cuales somos conscientes; otros los experimentamos indirectamente, de manera inconsciente. La casualidad puede desempeñar un papel decisivo, especialmente si encontramos a alguien luego de haber establecido nuestras aspiraciones o en algún momento particular de nuestro ciclo hormonal. Puede existir ese ser especial allá afuera, pero no necesariamente tiene que ser el único.

Y como en tantas otras cuestiones del ser humano, el libre albedrío deja espacio librado a toda posibilidad de nuevas contingencias ante el desarrollo del tema y sus estudios e investigaciones en sus futuras hipótesis, planteos y búsquedas de entender y discernir desde los hechos sus consecuencias.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

1.     Lourdes Duñó, Servicios de Salud Mental Infanto-Juveniles del Hospital Sant Joan de Déu. Barcelona 29/01/2007.

2.     Michael Rutter, Unidad de Psiquiatría Social del Medical Research Council (MRC). Londres. Empatía 10/01/2007.

3.     “Conducta sexual en el mundo” – 22/11/2006. i – Estudio Yerkes, Miranda M. Lim y Larry J. Young, del Departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento de la Escuela Universitaria de Medicina Emory y el CBN.

4.     Helen Fisher, Antropóloga y Directora de Dto. De Investigación de la Universidad de Rutgers, New Jersey (EEUU).

5.     Gilda Flores, Facultad de Estudios Superiores, Cuatitlán, Universidad Nacional Autónoma de México.

6.     Alex Tobeña, “El cerebro erótico”, Universidad Autónoma de Barcelona.

7.     Facundo Manes, Neurobiólogo. Director de los Institutos de Neurología Cognitiva y de Neurociencias de la Fundación Favaloro. Argentina.

8.     Francisco Mora Teruel, Universidad Complutense de Madrid. Autor: “Los Laberintos del Placer en el Cerebro Humano”.

9.     Diego Golombek, Neurobiólogo. Autor: “Sexo, drogas y biología”.

10.                       Ridley Matt. Autor: “¿Qué nos hace Humanos? Editorial Taurus – Madrid 2004-[pag.363].

11.                       Golub E.S. Autor:“Los límites de la Medicina” Ed. A. Bello –  Santiago de Chile 1966 -.

12.                       Ortega y Gasset J. Autor: “El Espectador” [3ª ed.] -Ed. Biblioteca Nueva – Madrid-.

13.                       Pennisi E. Autor: ”Primary Bite Brawn versus Brain”,  Science.                  –Washintong 2004- +1557+.[pag.303]

14.                       Insel T.R. & Young L.F. Autor: “A Neurobiology of Attachment, Nature Reviews in Neuroscience” 2, 2001 [pag.129-136].

15.                       Mario Sapag Hagar. Autor: “La Unidad Bioquímica del Hombre: de lo molecular a lo cultural” Ed. Universitaria. Santiago de Chile -2003-.

16.                       Martie G. Haseltong. Autor: “The New Scientist” traducción de María Elena Rey -2007-.

17.                       Ibañez A. Autor: “Química del Amor: el enamoramiento nos iguala y nos ciega” –Mayo 2004-.

18.                       Jaime Moguilevsky. Director: Maestría en Psiconeuroinmuno­_ endocrinología. Universidad Favaloro –Buenos Aires = Argentina-.