Semillas germinadas

Por qué como semillas germinadas?

Una de las cosas que me cautivó de la alimentación viva es la germinación de las semillas. Antes de conocer la alimentación viva me hubiera parecido insensato comer garbanzos crudos o beber jugo de pastos de cereales! No se me hubiera pasado por la cabeza germinar una semilla y comerla cruda, para ser bien franca. Pero lo cierto es que conocer la germinación de las semillas significó un cambio paradigmático en mi alimentación y en mi vida: desde la elección de los alimentos, pasando por la preparación hasta la ingestión, y todo lo que ello implica. En mi experiencia, las principales ventajas de los germinados son nutricionales, energéticas y económicas, pero fundamentalmente nutricionales, pues aunque solemos olvidarlo, este es el objetivo principal de la alimentación para nuestra vida.
Las semillas germinadas tienen muchos beneficios…
 
  • Son digeribles crudas, sin necesidad de cocción, lo que tiene importantes implicaciones:
– evitas la significativa pérdida de nutrientes que genera la cocción. Es más, los germinados son un verdadero multivitamínico natural y económico, ya que durante el proceso de germinación las vitaminas se multiplican
 
– también se evitan los anti-nutrientes que se generan con las altas temperaturas, que resultan tóxicos para nuestro organismo.
 
– son más fáciles de digerir que las cocidas: al germinar, los nutrientes de las semillas se vuelven más asimilables que en su estado latente (ej.: los almidones se transforman en hidratos de carbono más simples); al ser ingeridas crudas generan menor esfuerzo para el organismo… prueben con garbanzos o lentejas y sabrán a lo que me refiero 😉
 
– las semillas germinadas colaboran con el equilibrio corporal, una de las necesidades más básicas de nuestro organismo; las semillas cocidas suelen alterar los niveles de glucosa e insulina, el pH sanguíneo, la temperatura corporal…
 
– se necesita menos cantidad de semillas germinadas para saciar el apetito y las necesidades nutricionales, lo que significa una economía de recursos y también de energía, tanto para el medio ambiente como para nuestro organismo (la digestión consume bastante energía)
 
– las semillas germinadas aportan más energía vital que las cocidas…
 
Y por si todo esto fuera poco…
 
  • colaboran con la desintoxicación del organismo (gracias a su fibra y nutrientes)
  • al ser hidratadas son muy tiernas, fáciles de masticar y procesar (ej.: frutos secos)
  • tienen menos calorías, ya que para germinar la semilla utiliza sus reservas energéticas de almidones y grasas
  • permiten ahorrar recursos económicos y energéticos: ¡es el arte de hacer más con menos!
  • ayudan a reconectarnos con la naturaleza y la sabiduría de las plantas…
  • dan la opción de variar sabores y preparaciones
  • son fáciles de preparar: sólo se necesita un poco de agua y cuidado amoroso para que el milagro ocurra!
  • siempre se aprovechan: si no se comen se pueden sembrar y aprovechar sus brotes o sus frutos.
 
Incorporar beneficios de los germinados a mi vida ha implicado una serie de cambios en los procesos de elección y preparación de mis alimentos…
 
Elección: poco antes de conocer la alimentación viva había comenzado a experimentar con diversas harinas, buscando opciones sin gluten y de baja carga glicémica: harina de maíz, de quínoa, de garbanzos, de lentejas, etc., y eso ya significó un gran cambio. Pero después de conocer la alimentación viva ya no tenía ningún sentido para mí comprar harinas ni productos elaborados, y comencé a buscar semillas germinables. Dicho requisito me llevó a preocuparme del origen de las semillas y a frecuentar las ferias y tiendas orgánicas. Antes compraba las semillas que conocía; hoy uno de los criterios es la variedad: si no la conozco, precisamente por eso la compro. Aprendí que en la variedad no sólo está el gusto, sino también la nutrición y la salud.
 
Preparación: preparar el alimento con agua en vez de fuego implica muchos cambios en la cocina, empezando por hacer un espacio para almacenar las semillas y para los germinados. También significa estar atenta a las semillas: dejar algunas en remojo, cuidar que se den las condiciones óptimas para el proceso de germinación, y dejar que la naturaleza haga todo el resto del trabajo. Es una buena forma de desarrollar la paciencia y la aceptación, pues hay que considerar el tiempo de germinación en las preparaciones. Y una vez que las semillas están listas, hay que decidir de qué forma apetece comerlas: leche vegetal, salsa, harina para una masa, muesli, etc., o bien, simplemente comerlas tal cual o en la ensalada.
 
Recuerdo cuando probé una almendra activada por primera vez… ¡me pareció deliciosa! Sin embargo, me tomó bastante tiempo llegar a activar otros frutos secos. Y con las semillas me pasó algo similar: comencé germinando quínoa, pero no me agradaba mucho su textura, de modo que la preparaba como leche vegetal y las agregaba a mi jugo de luz. Durante un año continué comiendo la quínoa cocida, aunque la germinaba antes de cocinarla, porque la encontraba más sabrosa y porque se reducía considerablemente el tiempo de cocción. Luego descubrí los jugos de pastos de cereal y los amé locamente, especialmente el pasto de cebada. Hoy estoy fascinada con las avellanas chilenas, los garbanzos y el trigo germinados, desde que descubrí la crema de avellanas calientita, el hummus crudo y el pan esenio, respectivamente.
 
¡Existen muchísimas formas deliciosas de preparar las semillas germinadas y germinar nuestra creatividad! 😉
 
Si quieren saber más detalles acerca de los germinados y sus beneficios, les recomiendo un artículo de Néstor Palmetti, titulado “Germinados, cultivando la vitalidad”. En sus palabras, “la germinación es la técnica alimentaria que cumple todos los requisitos de una Nutrición Depurativa, garantizando: el más alto valor nutricio, la mayor eficiencia metabólica, el menor impacto ambiental, el mínimo ensuciamiento corporal, la máxima vitalidad energética y el costo más bajo”.
Font: www.comosemillas.blogspot.com