LA LEYENDA DEL SER QUE SE PERDIÓ 1ª parte de Josep Mª Villagrasa

LA LEYENDA DEL SER QUE SE PERDIÓ

Extraído del libro: Dioses en el Desempleo de Josep Mª Villagrasa 

Sentado en una roca, sin objetivos ni finalidades, un ser sensitivo, con su capacidad intuitiva completa, observaba cómo de la conjunción de dos nubes surgía un relámpago que al precipitarse y al chisporrotear encima del tronco de un árbol provocaba un pequeño incendio. La curiosidad le hizo acercarse y, al hacerlo notó una sensación que él conocia muy bien, porque la había experimentado desde dentro de sí mismo, pero que ahora le venía de fuera: “el calor”.

Por primera vez nació un pensamiento: – ¿Cómo conseguir mantener una sensación tan placentera?

A partir de entonces el tiempo comenzó a contar, la visión globalizada del cosmos empezó a fraccionarse ante la necesidad de encontrar respuesta a la pregunta y aparecieron los primeros atisbos de ansiedad.Habia nacido el hombre.

La observación dejó abierta a la búsqueda.La necesidad de encontrar se transformó en “deseo de encontrar” y, poco a poco, la mente entró en un profundo conflicto entre su tendencia natural a globalizar y el imperioso instinto de concretar en algo tangible las ideas.

Nuestro hombre, concentrándose para encontrar un medio de conseguir fuego, se fué olvidando de la capacidad interna que tenía que producirlo por sí mismo. Buscó ansiosamente medios externo hasta que por fin, frotando dos piedras, al igual que el rayo se producía por la frotación de dos nubes, consiguió producir chispas y encender fuego. La parte analítica de su personalidad empezó entonces a desarrollarse de una forma vertiginosa, como si de un músculo del cuerpo se tratara, mientras que la parte analógica fué poco a poco olvidada y, por tanto, se atrofió.

Finalmente, el calor sólo se pudo conseguir desde fuera, la era del pedernal había comenzado y, junto con él, su dependencia. De esta manera se desarrollaron técnicas de frotación entre piedras adecuadas. Por otro lado también se necesitó recoger leña del suelo, crear espacios donde acumularla, levantar cobertizos para protegerla de las inclemencias del tiempo.

El afán de conseguir se transformó en la necesidad de mantener. La mente analítica continuó desarrollándose y el deseo substituyó a la ilusión. Finalmente, se llegó a confundir uno con otra, y la existencia llegó a convertirse en una enloquecida carrera para acumular técnicas, que consiguieran agilizar el proceso de recoger leña, de almacenarla, de acumular pedernales, para que así el fuego continuara permanenentemente encendido. Ya no bastaba producir calor, sino buscar y encontrar medios para que no faltara.

La mayor parte de la energia que el hombre recibía del Cosmos la fue consumiendo en lograr diferentes seguridades, con lo que se olvidó de su capacidad de aprovechar lo que tenía a su alcance. Para conseguir la comodidad, empezó a desarrollar el esfuerzo, el cual cada vez le creaba más tensión y más ansiedad.

Finalmente la lucha substituyó al juego, la amargura a la dicha de vivir y la muerte a la vida plena. Del cielo globalizador se pasó al infierno particularizado y la conciencia creativa y fundamental del hombre quedó soterrada.

A partir de estas mudanzas la destrucción de la personalidad fué un hecho. El hombre fué desterrado del Paraíso, su capacidad de gozar menguó paulatinamente, poco a poco fué perdiendo su percepción y también la pureza de su instintinto. La capacidad de autogenerar energía a través de los elementos sutiles que le rodeaban se fué atrofiando más y más. La sensación de vacío entonces, una comida densa para poder continuar alimentando sus deseos. Cuanta más densidad alimentícia menos capacidad sutil y globalizante. La degradación llegó a tal límite que su capacidad de conocimiento quedó reducida a menos de un 20% de lo que había sido.

El ansia por volar ha estado implícita en la conciencia humana. Un ejemplo de ello lo tenemos en la leyenda de Icaro batiendo sus alas de cera frente al Sol. Esta ansia, llevó al hombre a desarrollar una tecnología que le permitiera volar a través de aparatos y energías, transformando esta necesidad en algo exterior, con lo cual, al haberlo conseguido a través de medios ajenos, a sí mismo, en vez de reciclar y regenerar la energía del planeta, que le daba la vida, el ser humano se dedicó a agotarla.

Este buscar “siempre fuera” de la humanidad es un reflejo del estado individual de cada hombre. El mundo de las dependencias es un hecho. Aquel primitivo calor producido por el fuego que originó la caída de un rayo, se ha transformado en una obsesión para conseguir “deseos” cada vez más alejados de la realidad de la vida. En estas condiciones es normal que se haya perdido los vínculos que mantenían unido el espíritu de “grupo humano”; que para custodiar el fuego se hayan edificado iglesias, estados, ciudades, castillos; que se hayan creado dogmas y reglamentos para preservarlos. La confusión ha llegado a tal punto, que fronteras infranqueables han delimitado tierra, ríos; se ha dividido el mar y el aire; las cúspides más altas de las montañas se han llenado de banderas con un significado incierto.

Pero todo tiene un final. El grado de alejamiento individual de la conciencia ha llevado al hombre a la enfermedad como único medio para darse cuenta o sucumbir. La civilización actual ha llegado a un punto inflexivo del que no se puede diluirse en otras conciencias que actualmente engloba (animal, vegetal, mineral).

Nunca el hombre ha estado tan prisionero de sus miedos como ahora. La dependencia de una estructura externa es completa, lo circunstancial ha superado lo esencial. El olvido de la conciencia interior es casi total. Se vive desde el exterior y por el exterior, con un reloj como invención malévola en la muñeca, para controlar un tiempo que cada vez es más rápido. En estas condiciones, los valores esenciales de esta sociedad han dejado de ser soporte para sus individuos. Las estructuras que la mantienen han dejado de tener solidez, debido a que no han satisfecho la necesidad espiritual de sus componentes. En lo más remoto del pensamiento del ser existe un punto de rebeldía, una fracción de luz que repite constantemente: “Debo cambiar: yo soy yo”. Este es el verdadero espíritu regenerativo, la piedra de la cual nacerá un nuevo edificio.

La quiebra de los grandes ideales religiosos, políticos, sociales y económicos es también la quiebra de los conceptos en los que ha creído el hombre y, a la vez, la rutina energética del planeta.

La necesidad de encontrar algo nuevo ha movido a hombres de buena voluntds a luchar por un término llamado PAZ. Nuevas ideologías han surgido con esta bandera. ¿Cómo es posibe que las aves puedan cruzar fronteras que al hombre no se permite cruzar? En este aspecto, el mundo de la unión entre los hombres es un hecho incuestionable, pero nada se podrá conseguir si no se alcanza la armonía individual.

Jamás se podrá lograr un paz a nivel mundial si cada uno de los componentes de la sociedad no está en paz consigo mismo. Y ello, sólo será a través de la conjunción armónica de las dos partes que integran la esencia psíquica del hombre: la analogía (femenina) y el análisis ( masculino).

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Y VIVIERON DEL SUBSIDIO

Autor: Josep Mª Villagrasa

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